Miedo: ese lastre que nos impide avanzar



“Todo lo que siempre has querido está al otro lado del miedo”

El tiempo pasa volando y en el fondo, es algo maravilloso si llegáramos a comprender que en la vida, todo se nos presenta como un reto, que hay que dejar paso a la improvisación, que no todo lo que planeamos sale como esperamos. Al final, hay cosas que dependen de nosotros y otras de esa “providencia”, “destino” o como queramos llamarlo, que se encarga de llevar todo a su manera, por lo que en el fondo, estamos hechos de un 50% de decisiones y un 50% de improvisación. 

Esta mañana, mientras regresaba a casa, he estado reflexionando sobre las decisiones que tomamos, lo mucho que nos influye lo que nos rodea, la sociedad en la que vivimos, las modas (pasajeras) que en el fondo también aportan su granito de arena y de lo que nos exigimos para cumplir con esos cánones de belleza, con ese estatus social que nos venden como el mejor, de ese excelente currículum cum laude y un largo etcétera que nos aleja, desgraciadamente de la oportunidad de ser felices.

Y es que en el fondo, el miedo está al acecho, como una sombra que nos persigue, en forma de preguntas, de dudas, de cuestiones mentales que tenemos con nosotros mismos/as, y que nos hace quedarnos quietos, inmóviles, durante mucho tiempo.

Quizás, no nos hemos planteado que con lo que tenemos (o no tenemos) podemos ser perfectamente felices. Puede que no consigamos comprarnos nunca esa casa de revista ideal pero, ¿qué es lo que forma un hogar? ¿Cuánto vale eso? Quizás, no llegaremos a tener en nuestra muñeca ese prestigioso reloj pero ¿A quién vamos a dedicarle nuestro tiempo? Posiblemente no consigamos ser los mejores en algo, o los más excelentes, pero sí podemos ser auténticos, únicos, irrepetibles, y eso no es fácil conseguirlo, porque no lo venden en ningún lugar, lo mismo que muchas tantas cosas que pasamos por alto, como el contemplar un bello atardecer, una conversación agradable con unos amigos, un paseo por la playa un día de semana en invierno o el placer de llegar a casa y sentarte para comerte una rica ensalada que llevabas tiempo con ganas de hacer.

Y es que el miedo a no conseguir todo eso que esperan de nosotros/as, de no alcanzar esos ideales que nos hemos hecho, muchas veces condicionados por lo que nos rodea, nos estanca. Al fin y al cabo, sólo tenemos una vida y si te apetece andar descalzo por casa, ponerte el jersey azul que ya no usa tu hermana, ir despeinada por la calle, sentarte en un banco a comerte un helado o no contestar el teléfono durante una tarde, tampoco va a ser el fin del mundo. Tampoco le va a importar demasiado a nadie, salvo que le des demasiada importancia. Es como quien quiere escuchar una canción que le gusta mucho durante diez minutos en modo bucle, sencillamente porque ese día es la canción que necesita. 

El miedo a no tener todo eso que pensamos, es necesario para ser felices, el cegarnos ante lo que pensamos que no vamos a conseguir, ese “más vale malo conocido que bueno por conocer”, al final puede salir caro, sobretodo si lo hacemos por la comodidad de una rutina que ya conocemos, porque si lo que tenemos no nos gusta, más miedo nos da empezar desde cero con algo nuevo (una mudanza a otro lugar, un cambio de trabajo, una ruptura con la pareja, un abandonar una ciudad ...) Tenemos tantas posibilidades como queramos, si somos capaces de observar, de abrir los ojos y disfrutar de ese día que tenemos por delante, de vivir el aquí y el ahora, de preocuparnos lo justo por aquello que nos ronda por la cabeza. Al fin y al cabo la vida es una, es nuestra y tenemos el poder de decidir qué queremos hacer con ella. 

Hay días negros y días claros, pero en el medio hay una amplia gama de grises, que, posiblemente, terminen por llevarnos a ese color que tanto nos gusta. El miedo, al fin y al cabo, se va volviendo más  diminuto a menudo que ocupamos nuestra mente en otras cosas y descubrimos que no era para tanto. Porque todo pasa. Vivamos con intensidad y con una sonrisa, que aseguran, alarga la vida. 

Disfrutad del mes de Noviembre, del frío y del calor de la casa. Con amor,

Inma.

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